jueves, 24 de noviembre de 2016

El País que Somos y el que Queremos Ser

Voy manejando por la autopista en horas de la mañana. Me siento alerta y tranquila. Un gran autobús está delante de mí. No hay cola, sólo volumen. De repente el autobús se sale hacia la derecha y se coloca en el hombrillo aparentemente para estacionarse. En menos de lo que canta un gallo el chofer del autobús se reincorpora a la autopista y me saca del canal.. Me asusto y agradezco que en la maniobra de echarme hacia el canal de mi izquierda para que no me choque, no me pasa nada. Respiro.

En menos de lo que puedo imaginar una gran camioneta se lanza desde el canal rápido de la izquierda y atraviesa toda la autopista y se cruza a menos de 2 metros en frente de mí... No me la llevo por delante y estoy a salvo. Respi....

Viene una moto en sentido contrario. De frente a mí. Hacemos contacto visual. Me asusto al verlo de frente cada vez más cerca... Se le cae el casco y rebota hasta quedar debajo de mi camioneta... Me asusto. Vuelvo a mirarlo por un instante. Sigo de largo. El no lo sé.

Llego a mi consultorio... Primer paciente: Es su hora de llegada. Espero. A los 20 minutos recibo un mensaje: Estoy llegando. Media hora: Toca el timbre. Ultimo paciente del día: Una pareja nueva. 20 minutos después de la hora pautada para la cita, escribo un mensaje preguntando si asistirán. No hay respuesta. Después de media hora envío un mensaje diciendo que seguramente por la hora no asistirán. Me marcho. Dos horas después: Recibo mensaje diciendo: Disculpe. No pudimos asistir. Mi esposo no llegó a tiempo. Respiro.
En consulta y también en la calle, en el automercado, con mis vecinos, en familia... escucho las quejas sobre lo mal que está nuestro país y cómo cada quien va culpando al gobierno, a los bachaqueros, a la guerra económica y a cualquier otro que pueda aparecer en la foto.

Estamos en una situación precaria desde todo punto de vista, no sólo a nivel material sino a nivel emocional, político, económico. Y por supuesto, también en el nivel de conciencia individual y colectivo. Limitaciones en todo el entorno: Hora sin luz, días y semanas sin agua, escasez de medicamentos, de comida o comidas tan caras que no las podemos pagar... Papás y mamás cada día más desesperados porque no pueden con el costo del colegio, de los útiles, de los uniformes, de la comida... Padres que dejan de comer para darle a sus hijos... Gente que vende de todo para poder comer... sin saber cómo será el siguiente día... Incertidumbre total.
A nivel individual hemos perdido el respeto, la consideración y el amor hacia nosotros mismos y por supuesto hacia las demás personas.
Cada día en consulta recibo más y más casos de violencia, de maltrato no sólo de los hombres hacia las mujeres sino también de éstas hacia sus parejas y sus hijos... Cada día veo más y más parejas que se relacionan desde la desconfianza, desde los celos, desde la rabia, desde el desamor, desde la falta de planes... desde seguramente la más baja autoestima individual y de pareja que haya visto en mucho tiempo... Y por supuesto, cero posibilidad de asumir su responsabilidad individual. Donde no hay autoestima, no hay responsabilidad.
Y me pregunto ¿Cómo vamos a salir adelante y crear un país próspero, respetuoso de los derechos de cada uno, honesto, responsable si a nivel individual somos irrespetuosos, groseros, violentos, deshonestos, tramposos Coincido con mi maestro Manuel Barroso cuando dice que
"Necesitamos recuperar nuestra autoestima, nuestra presencia, nuestra identidad, nuestra dignidad. Necesitamos trabajar en equipo, no importa el color de la camiseta, alineándonos todos con una sola VISION para una sola Venezuela."

jueves, 10 de noviembre de 2016

Viviendo con mi Ex



Por lo general, cuando dos personas casadas o que viven juntas, deciden separarse, lo usual es que uno de los dos se vaya de la casa  tal vez para comenzar un nuevo proyecto de vida, tal vez con una nueva pareja, o quizá solo. … Pero

¿Qué pasa cuando la pareja ya está separada emocionalmente y ambos continúan viviendo en la misma casa?

La crisis económica que estamos viviendo en la actualidad, no solamente en Venezuela sino a nivel mundial, tiende a agravar las situaciones de desencuentro en muchas parejas y contribuye a que se produzcan más rupturas, con el agravante de que por la misma crisis, ninguno o uno de los miembros está en capacidad de recomenzar su vida en otro lugar;

Si bien las parejas que toman esta decisión consideran que es lo más conveniente para ellos, esta situación impide que la separación se produzca totalmente, debido a que uno de los dos no tiene los recursos para establecerse en otro sitio, con lo cual queda el ciclo abierto y se producen situaciones muy difíciles de manejar.

La verdad es que este tema es muy antiguo. Recuerdo que en tiempos de mi abuela, cuando la concepción general que se tenía del divorcio era mucho más negativa que hoy día, la cantidad de parejas que seguían juntas “hasta que la muerte los separe” era muy alta.  No se planteaban la separación legal por las implicaciones sociales que traía y por “el bien” de los hijos, pero sí se daba una separación puertas adentro.

Y esto nos lleva a plantear que cuando hablamos de parejas separadas que viven bajo el mismo techo, nos referimos a diferentes tipos de situaciones:

  • Por un lado, encontramos las parejas que no sienten nada el uno por el otro, y deciden permanecer casados de cara a los demás y la sociedad y separados dentro de la casa, es decir que no se divorcian pero cada uno vive su vida de manera independiente, aunque compartan la casa… Dentro de esta situación nos encontramos también con las parejas que además de permanecer casados hacia los demás, también deciden mantener una fachada de matrimonio ante los hijos, para “no perjudicarlos”.     En ambos casos, duermen en habitaciones separadas, o a veces incluso en la misma cama pero sin ningún tipo de interacción sentimental ni sexual como marido y mujer, a veces dividen las áreas de la casa y llegan a acuerdos sobre quién estará en cada área… He llegado a ver casos en los que se dividen la nevera, establecen turnos de lavadora y secadora para lavar la ropa…Incluso llegan a acuerdos sobre el tiempo que cada uno pasará con los hijos…  Ambos asumen que ya no tienen nada en común como pareja pero no desean divorciarse… ya sea por razones económicas, por dependencia afectiva, por los hijos…

  • Otro caso es el de las parejas que están en proceso de divorcio y deciden que seguirán viviendo en la misma casa porque ninguno de los dos cuenta con los medios económicos para mudarse o porque quieren afectar lo menos posible a los hijos, sobre todo cuando son menores.
Sea por la primera situación o por la segunda, no les va a quedar otro remedio que establecer y acordar nuevas reglas de convivencia y respeto mutuo.  Ello implicará ponerse de acuerdo en relación a temas como dónde va a dormir cada quien, cómo será el acceso y utilización de los espacios comunes, cómo se dividirán los gastos de funcionamiento de la casa y los gastos relacionados con los hijos.


En el caso de que acuerden que ambos tendrán la posibilidad de buscar una nueva pareja, deben acordar cuáles serán las condiciones para ello. 

Por la frecuencia con la cual atiendo este tipo de situaciones, quisiera centrarme en el caso de las parejas que deciden separarse y seguramente están gestionando la separación de cuerpos, el divorcio o están en proceso de tomar esa decisión, más que en aquellas que deciden no divorciarse y seguir casadas aunque emocionalmente estén separadas.

Cada día más veo parejas que deciden separarse y a veces no les queda otra opción que continuar viviendo juntos en la misma casa con su Ex, durante un tiempo, básicamente por razones económicas.
Los que he atendido se han mantenido en este situación de manera temporal, por meses o por un tiempo un poco mayor a un año, mientras uno de los dos, se organiza para poder asumir su vida independiente de nuevo. 

En los casos que he atendido, el que se reorganiza ha sido el hombre.  En el caso de nuestro país Venezuela, hay un agravante: La opción de vender el inmueble para dividir el dinero y ambos comprar una nueva vivienda, se hace muy difícil por la situación político-económica que estamos atravesando.   No sólo está muy difícil vender sino que en caso de que lo hagan, con lo obtenido ninguno de los dos puede comprar ninguna vivienda. Y si bien muchas veces existe la posibilidad de irse a vivir con una amiga o amigo, un primo, hermanos e incluso volver a casa de los padres, esta decisión puede implicar un sufrimiento mayor.
Otra situación que se presenta es cuando la pareja ha migrado y está viviendo en un país diferente, con las limitaciones que tiene comenzar una nueva vida en un país que no es el suyo.

Se puede presentar el caso en el que la pareja tenga problemas serios de convivencia, tan serios, que aun cuando los miembros de la pareja manifiestan tener sentimientos de amor el uno por el otro, las dificultades de convivencia son tales que se hace se dan cuenta de que resulta imposible convivir como pareja. 

Es probable que la situación legal (de esperar a tener permisos de trabajo y residencia) no les permita trabajar y producir los recursos que necesita cada uno, para vivir y esa situación trae consigo que decidan permanecer viviendo en la misma casa aun cuando no hay nada en común que lo mantenga juntos como pareja.  Esta convivencia forzada probablemente devendrá en un ambiente que será tóxico para ambos, ya que la hostilidad se potencia cuando la pareja se ver forzada a compartir situaciones y circunstancias.
A nivel emocional estas situaciones son muy duras para ambas partes, aunque la asuman como temporal. 

¿Es posible sobrevivir a estas situaciones de agresión, rabia y pelea?

Es difícil pero trabajando y estableciendo límites y reglas claras de funcionamiento, resolviendo el rencor que pueda existir entre ambos, llegando a acuerdos que beneficien a ambos y siendo respetuosos el uno con el otro, se puede ir sobrellevando la situación hasta que puedan separarse de manera completa.

Cuando las razones para quedarse bajo el mismo techo son emocionales, es aún más complicado. El motivo puede ser que haya hijos pequeños en común. Los adultos pueden pensar que un divorcio podría perjudicar de alguna manera a los pequeños y deciden fingir un matrimonio feliz puertas afuera.

Entre ambos miembros de la pareja no existe ningún vínculo pasional (sí pueden llegar a tener un vínculo afectivo, pues se han amado en algún momento y siguen compartiendo muchos elementos de la vida cotidiana, incluida la crianza de los hijos).

Sin embargo, fingir ser un matrimonio feliz no es una buena idea, sobre todo cuando viven sus niños con ustedes. Los niños y adolescentes son muy permeables, entienden y perciben lo que sucede en el ámbito del hogar. Si sus padres no se llevan bien pero pretenden ser "felices" y que todo es perfecto fuera de casa, los hijos ven aprendiendo a mentir y a disimular directamente de sus padres, una lección que en realidad ninguno de los dos quiere enseñarles de forma voluntaria.
También aprenden los hijos que el desamor es normal y esperable, que no hay pasión en el matrimonio y, en fin, que nunca querrían repetir una relación como la que sus padres tienen. Es mejor explicar los porqués de una separación y que los pequeños, o no tanto, entiendan que sus padres son dos personas adultas y sanas que buscan más opciones para ser felices en sus vidas, que son capaces de separarse y seguir siendo sus amantes papá y mamá, porque estos roles son independientes de los de pareja.
Los hijos agradecen la honestidad y la sinceridad, están aprendiendo de sus progenitores todo el tiempo, de la comunicación verbal y de la no verbal.
Otras parejas siguen conviviendo juntas porque uno, o ninguno, de los dos es capaz de superar y aceptar la separación. Se teme dañar profundamente al otro, al que se quiere aunque no se ama como pareja, y se elige "el mar menor".


El miedo a la soledad y el gusto por la cómoda rutina de la casa tiene mucho que ver con esta decisión, es un intento de tener lo mejor de dos mundos, pero no es una solución saludable.

He atendido parejas en las que uno de los miembros siente que ya no ama a la otra persona pero teme hacerle daño y por eso se mantiene en el hogar.  La otra persona percibe que aun cuando trabaja en los aspectos que le estaban causando problemas con su pareja, ésta se mantiene distante… y no comprende por qué.  Esta situación a la larga termina llevándolos a tomar la decisión de terminar de separarse de manera total y el que ya no siente lo mismo, se muda de la casa.

¿Y qué ocurre cuando a uno o a ambos les da miedo la soledad y no quieren perder la comodidad de seguir viviendo en su casa?

El miedo a la soledad es quizá uno de los mayores miedos, tan aterrador que puede hacer que una persona, aunque no desee continuar la relación con su pareja, no se atreva a mudarse de casa. Este miedo es muy común en personas inseguras y con baja autoestima y auto-valoración. Este miedo puede disparar pensamientos como que no voy a conseguir otra persona que me quiera o que no voy a ser capaz de lograrlo por mí mismo . Y la otra cara de esta moneda pudiera ser que tampoco quiero que mi pareja consiga otra persona con quien compartir su vida, es decir que me reemplace.  Y ese pudiera ser un motivo que me mantiene viviendo en la misma casa aunque ya estemos emocionalmente separados.  Por ello es necesario que busques ayuda profesional y trabajes en tu valoración y seguridad personal, ya que en la medida que vayas aumentando tu autoestima podrás darte cuenta que sí puedes vivir solo o sola y ser independiente.

Es necesario ir preparándote para vivir solo o sola ya que no es lo misma experiencia vivir solo por decisión que vivir solo como consecuencia de una separación.

Recuerda que estás viviendo una separación y que es normal que los primeros meses sientas la ausencia de la otra persona y de la dinámica de la familia si tienes hijos. La separación es una pérdida y es necesario estar claros que ello implica un duelo que es necesario manejar.  Si te quedas viviendo en la misma casa, lejos de hacerse más fácil el duelo por la separación y la pérdida de la relación, éste se hará más difícil porque estará viendo a la persona todos los días y no tendrás el espacio necesario para hacer tu propio duelo a tu propio ritmo.  En lugar de asumir la situación de separación estarás poniéndole paños calientes que no serán más que una simple ilusión.

¿Cómo puedes prepararte para dar el salto y vivir mejor mientras están viviendo en la misma casa?

Hay algunas medidas y acuerdos que les pueden facilitar este periodo de transición.


  1. Pueden de manera consciente y acordada entre los dos, mudar a uno de los dos a otra habitación. Si ya la separación de cuerpos o el divorcio están en proceso, es importante que vayan asumiendo la separación física el uno del otro. Dormir en el mismo cuarto y en la misma cama produce un estrés emocional para uno o para ambos.  En el caso de que no tengas una habitación adicional considera adaptar algún área de la casa como el recibo y de ser posible coloquen una cama separada, de manera que no compartan el lugar donde duermen.

2.  Separar sus cuentas bancarias y acordar qué va a pagar cada quien.  Esto los va preparando para  cuando uno de los dos se mude de casa.   

3.  Acuerden cómo se van a distribuir las actividades relacionadas con el mantenimiento de la casa y acuerden los horarios en los que cada uno comerá, lavará la ropa y otras actividades domésticas.  

Estas medidas los pueden ayudar a sobrellevar este periodo de transición y prepararse para la mudanza de casa y la separación total de una manera efectiva, de manera que después de un tiempo puedan tener una buena relación como ex parejas e incluso puedan llegar a valorarse de nuevo como personas.

Si deseas una consulta conmigo, ya sea presencial o vía Skype (bajo ciertas condiciones), llena este Formulario de Contacto y con gusto te atiendo y cuadramos, de acuerdo a mi disponibilidad, el horario más conveniente para ti.