Por lo general, cuando dos personas casadas o
que viven juntas, deciden separarse, lo usual es que uno de los dos se vaya de
la casa tal vez para comenzar un nuevo
proyecto de vida, tal vez con una nueva pareja, o quizá solo. … Pero
¿Qué pasa
cuando la pareja ya está separada emocionalmente y ambos continúan viviendo en
la misma casa?
La crisis económica que estamos viviendo en
la actualidad, no solamente en Venezuela sino a nivel mundial, tiende a agravar
las situaciones de desencuentro en muchas parejas y contribuye a que se
produzcan más rupturas, con el agravante de que por la misma crisis, ninguno o
uno de los miembros está en capacidad de recomenzar su vida en otro lugar;
Si bien las parejas que toman esta decisión
consideran que es lo más conveniente para ellos, esta situación impide que la
separación se produzca totalmente, debido a que uno de los dos no tiene los
recursos para establecerse en otro sitio, con lo cual queda el ciclo abierto y
se producen situaciones muy difíciles de manejar.
La verdad es que este tema es muy antiguo.
Recuerdo que en tiempos de mi abuela, cuando la concepción general que se tenía
del divorcio era mucho más negativa que hoy día, la cantidad de parejas que
seguían juntas “hasta que la muerte los separe” era muy alta. No se planteaban la separación legal por las
implicaciones sociales que traía y por “el bien” de los hijos, pero sí se daba
una separación puertas adentro.
Y esto nos lleva a plantear que cuando
hablamos de parejas separadas que viven bajo el mismo techo, nos referimos a
diferentes tipos de situaciones:

- Por
un lado, encontramos las parejas que no sienten nada el uno por el
otro, y deciden permanecer casados de cara a los demás y la sociedad y separados
dentro de la casa, es decir que no se divorcian pero cada uno vive su vida de
manera independiente, aunque compartan la casa… Dentro de esta situación nos
encontramos también con las parejas que además de permanecer casados hacia los
demás, también deciden mantener una fachada de matrimonio ante los hijos, para
“no perjudicarlos”. En ambos casos, duermen
en habitaciones separadas, o a veces incluso en la misma cama pero sin ningún
tipo de interacción sentimental ni sexual como marido y mujer, a veces dividen
las áreas de la casa y llegan a acuerdos sobre quién estará en cada área… He
llegado a ver casos en los que se dividen la nevera, establecen turnos de
lavadora y secadora para lavar la ropa…Incluso llegan a acuerdos sobre el
tiempo que cada uno pasará con los hijos… Ambos asumen que ya no tienen nada en común
como pareja pero no desean divorciarse… ya sea por razones económicas, por
dependencia afectiva, por los hijos…

- Otro
caso es el de las parejas que están en proceso de divorcio y deciden que
seguirán viviendo en la misma casa porque ninguno de los dos cuenta con los
medios económicos para mudarse o porque quieren afectar lo menos posible a los
hijos, sobre todo cuando son menores.
Sea
por la primera situación o por la segunda, no les va a quedar otro remedio que
establecer y acordar nuevas reglas de convivencia y respeto mutuo. Ello implicará ponerse de acuerdo en relación
a temas como dónde va a dormir cada quien, cómo será el acceso y utilización de
los espacios comunes, cómo se dividirán los gastos de funcionamiento de la casa
y los gastos relacionados con los hijos.
En
el caso de que acuerden que ambos tendrán la posibilidad de buscar una nueva
pareja, deben acordar cuáles serán las condiciones para ello.
Por la frecuencia con la cual atiendo este tipo de situaciones, quisiera
centrarme en el caso de las parejas que deciden separarse y seguramente están
gestionando la separación de cuerpos, el divorcio o están en proceso de tomar
esa decisión, más que en aquellas que deciden no divorciarse y seguir casadas
aunque emocionalmente estén separadas.
Cada día
más veo parejas que deciden separarse y a veces
no les queda otra opción que continuar viviendo juntos en la misma casa con su
Ex, durante un tiempo, básicamente por razones económicas.
Los que
he atendido se han mantenido en este situación de manera temporal, por meses o
por un tiempo un poco mayor a un año, mientras uno de los dos, se organiza para
poder asumir su vida independiente de nuevo.
En
los casos que he atendido, el que se reorganiza ha sido el hombre. En el caso de nuestro país Venezuela, hay un
agravante: La opción de vender el inmueble para dividir el dinero y ambos
comprar una nueva vivienda, se hace muy difícil por la situación político-económica
que estamos atravesando. No sólo está
muy difícil vender sino que en caso de que lo hagan, con lo obtenido ninguno de
los dos puede comprar ninguna vivienda. Y si bien muchas veces existe la
posibilidad de irse a vivir con una amiga o amigo, un primo, hermanos e incluso
volver a casa de los padres, esta decisión puede implicar un sufrimiento mayor.
Otra
situación que se presenta es cuando la pareja ha migrado y está viviendo en un
país diferente, con las limitaciones que tiene comenzar una nueva vida en un
país que no es el suyo.
Se puede
presentar el caso en el que la pareja tenga problemas serios de convivencia,
tan serios, que aun cuando los miembros de la pareja manifiestan tener
sentimientos de amor el uno por el otro, las dificultades de convivencia son
tales que se hace se dan cuenta de que resulta imposible convivir como
pareja.
Es
probable que la situación legal (de esperar a tener permisos de trabajo y
residencia) no les permita trabajar y producir los recursos que necesita cada
uno, para vivir y esa situación trae consigo que decidan permanecer viviendo en
la misma casa aun cuando no hay nada en común que lo mantenga juntos como
pareja. Esta convivencia forzada probablemente devendrá en
un ambiente que será tóxico para ambos, ya que la hostilidad se potencia cuando la pareja
se ver forzada a compartir situaciones y circunstancias.
A nivel
emocional estas situaciones son muy duras para ambas partes, aunque la asuman
como temporal.
¿Es posible sobrevivir a estas situaciones de
agresión, rabia y pelea?
Es
difícil pero trabajando y estableciendo límites y reglas claras de
funcionamiento, resolviendo el rencor que pueda existir entre ambos, llegando a
acuerdos que beneficien a ambos y siendo respetuosos el uno con el otro, se puede
ir sobrellevando la situación hasta que puedan separarse de manera completa.
Cuando
las razones para quedarse bajo el mismo techo son emocionales, es aún más
complicado. El motivo puede ser
que haya hijos pequeños en común. Los adultos pueden pensar que un divorcio
podría perjudicar de alguna manera a los pequeños y deciden fingir un matrimonio feliz puertas afuera.
Entre ambos
miembros de la pareja no existe ningún vínculo pasional (sí pueden llegar a
tener un vínculo afectivo, pues se han amado en algún momento y siguen
compartiendo muchos elementos de la vida cotidiana, incluida la crianza de los
hijos).
Sin embargo, fingir ser un matrimonio feliz no es una buena idea, sobre todo cuando viven sus niños con ustedes. Los niños y adolescentes son muy
permeables, entienden y perciben lo que sucede en el ámbito del hogar. Si
sus padres no se llevan bien pero pretenden ser "felices" y que todo es perfecto fuera
de casa, los hijos ven aprendiendo a mentir y a disimular directamente de sus
padres, una lección que en realidad ninguno de los dos quiere enseñarles de forma voluntaria.
También aprenden los hijos que el desamor es normal y esperable, que no
hay pasión en el matrimonio y, en fin, que nunca querrían repetir una relación
como la que sus padres tienen. Es mejor explicar los porqués de una separación
y que los pequeños, o no tanto, entiendan que sus padres son dos personas
adultas y sanas que buscan más opciones para ser felices en sus vidas, que son
capaces de separarse y seguir siendo sus amantes papá y mamá, porque estos
roles son independientes de los de pareja.
Los hijos agradecen
la honestidad y la sinceridad, están aprendiendo de sus progenitores todo el
tiempo, de la comunicación verbal y de la no verbal.
Otras parejas siguen conviviendo juntas porque uno, o ninguno, de los
dos es capaz de superar y aceptar la separación. Se teme dañar profundamente al otro, al
que se quiere aunque no se ama como pareja, y se elige "el mar
menor".
El miedo a la soledad y el gusto por la cómoda rutina de la casa tiene
mucho que ver con esta decisión, es un intento de tener lo mejor de dos mundos,
pero no es una solución saludable.
He atendido parejas en las que uno de los miembros siente que ya no ama
a la otra persona pero teme hacerle daño y por eso se mantiene en el
hogar. La otra persona percibe que aun
cuando trabaja en los aspectos que le estaban causando problemas con su pareja,
ésta se mantiene distante… y no comprende por qué. Esta situación a la larga termina llevándolos
a tomar la decisión de terminar de separarse de manera total y el que ya no
siente lo mismo, se muda de la casa.
¿Y qué ocurre cuando a uno o a ambos les da
miedo la soledad y no quieren perder la comodidad de seguir viviendo en su
casa?
El miedo a la soledad es quizá uno de los mayores miedos, tan aterrador
que puede hacer que una persona, aunque no desee continuar la relación con su
pareja, no se atreva a mudarse de casa. Este miedo es muy común en personas
inseguras y con baja autoestima y auto-valoración. Este miedo puede disparar
pensamientos como que no voy a conseguir otra persona que me quiera o que no
voy a ser capaz de lograrlo por mí mismo . Y la otra cara de esta moneda
pudiera ser que tampoco quiero que mi pareja consiga otra persona con quien
compartir su vida, es decir que me reemplace.
Y ese pudiera ser un motivo que me mantiene viviendo en la misma casa
aunque ya estemos emocionalmente separados.
Por ello es necesario que busques ayuda profesional y trabajes en tu
valoración y seguridad personal, ya que en la medida que vayas aumentando tu
autoestima podrás darte cuenta que sí puedes vivir solo o sola y ser
independiente.
Es necesario ir preparándote para vivir solo o sola ya que no es lo
misma experiencia vivir solo por decisión que vivir solo como consecuencia de
una separación.
Recuerda que estás viviendo una separación y que es normal que los
primeros meses sientas la ausencia de la otra persona y de la dinámica de la
familia si tienes hijos. La separación es una pérdida y es necesario estar
claros que ello implica un duelo que es necesario manejar. Si te quedas viviendo en la misma casa, lejos
de hacerse más fácil el duelo por la separación y la pérdida de la relación,
éste se hará más difícil porque estará viendo a la persona todos los días y no
tendrás el espacio necesario para hacer tu propio duelo a tu propio ritmo. En lugar de asumir la situación de separación
estarás poniéndole paños calientes que no serán más que una simple ilusión.
¿Cómo
puedes prepararte para dar el salto y vivir mejor mientras están viviendo
en la misma casa?
Hay algunas medidas y acuerdos que les pueden facilitar este periodo de
transición.
- Pueden de manera consciente y acordada
entre los dos, mudar a uno de los dos a otra habitación. Si ya la separación de
cuerpos o el divorcio están en proceso, es importante que vayan asumiendo la
separación física el uno del otro. Dormir en el mismo cuarto y en la misma cama
produce un estrés emocional para uno o para ambos. En el caso de que no tengas una habitación
adicional considera adaptar algún área de la casa como el recibo y de ser
posible coloquen una cama separada, de manera que no compartan el lugar donde
duermen.
2. Separar sus cuentas bancarias y acordar qué
va a pagar cada quien. Esto los va
preparando para cuando uno de los dos se
mude de casa.
3. Acuerden cómo se van a distribuir las
actividades relacionadas con el mantenimiento de la casa y acuerden los
horarios en los que cada uno comerá, lavará la ropa y otras actividades domésticas.
Estas medidas los pueden
ayudar a sobrellevar este periodo de transición y prepararse para la mudanza de
casa y la separación total de una manera efectiva, de manera que después de un
tiempo puedan tener una buena relación como ex parejas e incluso puedan llegar
a valorarse de nuevo como personas.
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